domingo, 10 de mayo de 2009


Sigo creyendo en esas historias. Historias de uno e historias de dos. Aquellas que por mucho que pasen los años no cambiarán nunca. Relatos de un idilio, o quizá varios, donde el amor cobra un papel protagonista dejando en segundo plano la rabia y la traición. Cuentos que colgaron las alas en el país de Peter Pan.
Esas películas que te ponen la carne de gallina. Aquellas instantáneas cuya cámara quedó en el más viejo cajón. Y por creer, sigo queriendo creer en aquella mente inquieta, ansiosa por tan sólo cruzar una mirada, regalar un abrazo e incluso prestar un beso.
Quiero seguir siendo esa niña, que con el tiempo se dé cuenta y sea capaz de vivir su propio sueño. Un sueño bonito, o quizá no; alegre, aunque puede que triste, pero ante todo, real.

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