martes, 28 de abril de 2009


Oír, y sin embargo no escuchar. Palpar, y sin embargo no sentir. Emociones anónimas, sin nombre ni número de serie. Únicas, intangibles. Perpetuidad de los sentidos. Cerrar los ojos al viento y la mente al corazón. Deambular por un sendero indefinido, con los pensamientos como único aliado. Una melodía de fondo, hecha por la unión de notas y letras, cosidas en un lienzo aún por estrenar. Una clave de sol que entona un ritmo frenético; pentagramas de emociones desmesuradas al espíritu del tiempo. In crescendo. Mil y un espejos, mil y una vidas, mil y un porqués. Vuela libre, en busca de un carisma y sensibilidad perdidos. No decae, no perece. Resiste. Permanece firme, bajo en filo de un abismo pasajero y distante. De pronto, un traspiés, una caída involuntaria a las fauces de un dios caprichoso e imprevisible. Alma en blanco, opaca y sin fondo, atada al deseo de la vida.

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