lunes, 23 de marzo de 2009

Reflejos...



Corazón, tiempo.
Tiempo, corazón.
Siempre unidos, cogidos de la mano para atravesar juntos los baches de la vida. Pues, ¿qué sería de un corazón que no conociera tiempo?
Tiempo para querer, para odiar, tiempo para sentir. Sin tiempo no seríamos más que burdos muñecos, cuyos sentimientos estarían arraigados a la eternidad, a la monotonía. Sin embargo, el tiempo tiene esa magia que lo hace especial, esa luz, ese color.
Es caprichoso, más cuanto mejor más corto y cuanto peor más largo. Es un reflejo en el pupitre de una escuela; inalcanzable, implacable, real y subjetivo.